Celebrado la pasada semana en el Palau Macaya de Barcelona
La relación entre música e inteligencia artificial generativa a debate en la XXII edición del Seminario Jurídico de AIE
Autorización, transparencia, trazabilidad, remuneración y gestión colectiva, claves para los derechos de los artistas

Barcelona, 16 de abril de 2026.- “Puede que la IA no haga una copia de tu música, pero sí generar música idéntica y la legislación aún no afronta esa realidad”, señaló uno de los expertos reunidos por AIE en su XXII Seminario Jurídico en Barcelona. ¿Cómo proteger los derechos de los artistas cuando las herramientas legales para regular la inteligencia artificial generativa (IAG) no existen o son insuficientes?
De esa y otras cuestiones debatieron en Barcelona el matemático e investigador Axel Brando; la profesora de la Universidad de Milán Raffaela Folgieri; el catedrático de Comunicación de la Universidad de Murcia Juan Miguel Aguado y la directora del área de Propiedad Intelectual de PONS IP Violeta Arnaiz, con la moderación de Cristina Armuña y José Luis Sevillano, jefa de área de Datos e Inteligencia de Negocio y CEO de AIE, respectivamente. Como broche de la jornada, el músico y productor Fernando Sancho realizó una demostración práctica de la creación de música con una herramienta de IAG.
Un debate que va más allá de la tecnología
El presidente de AIE, Luis Cobos, inauguró el seminario con un mensaje de bienvenida y puesta en situación que planteó el punto de partida del debate en términos prácticamente filosóficos: la tensión entre “creación e interpretación frente a generación” que, más allá de lo retórico, resume el núcleo del conflicto actual. Y advirtió del riesgo creciente de que los sistemas de inteligencia artificial, entrenados con obras de los creadores, los transformen en meros “especialistas en preguntar”, que dependan de máquinas entrenadas con contenidos que, en la mayoría de ocasiones, han sido utilizados sin autorización ni compensación. Y es que, señaló Luis Cobos, la IAG no solo plantea un problema económico, sino también cultural, pues cuestiona el valor mismo de la autoría en un entorno donde la producción puede automatizarse a partir de grandes conjuntos de datos.
La subsecretaria de Cultura del Ministerio de Cultura, Carmen Páez, reconoció que las normas vigentes “se han mostrado incapaces” de dar respuesta a dos cuestiones clave: el uso de contenidos para entrenar modelos y la regulación de los resultados generados por estos sistemas. El problema, explicó, no es solo jurídico, sino estructural. La inteligencia artificial opera con una lógica global que desborda principios clásicos del derecho como el de territorialidad: “empresas que entrenan modelos fuera de la Unión Europea afectan a titulares de derechos dentro de ella, generando un vacío normativo difícil de gestionar”.

El intento del Ministerio de Cultura de impulsar un sistema de licencias colectivas para el entrenamiento de IA no prosperó, pero el diagnóstico sigue vigente: sin mecanismos de autorización, remuneración y reconocimiento, el sistema corre el riesgo de erosionar la base económica de la creación cultural: “la IAG debe respetar el marco jurídico que ya existe, y que se basa en principios como los de autorización, reconocimiento, remuneración y trazabilidad, tanto en el input como en el output de los contenidos”, destacó Páez.
Desde el Ministerio, aseguró la subsecretaria de Cultura, “se defiende que solo es posible desarrollar herramientas de IAG mediante el modelo de licenciamiento, en el que las entidades de gestión colectiva juegan un papel fundamental”. “También para vencer las asimetrías en los procesos de negociación, a fin de garantizar los derechos de todos los titulares, no solo de las grandes empresas u operadores”, concluyó.
Entender la máquina para regularla

Pero el seminario no se quedó en el plano jurídico. En esta edición, el enfoque dio un giro: antes de legislar, hay que entender cómo funcionan realmente estos sistemas. Y en este contexto, emergió un concepto clave: la trazabilidad. Saber qué obras han sido utilizadas para entrenar modelos y cómo influyen en los resultados se perfila como uno de los pilares de cualquier actualización de la regulación.
El matemático e investigador Axel Brando que desmontó algunos de los mitos más extendidos sobre la inteligencia artificial. Su explicación, apoyada en fundamentos matemáticos, apuntó a una idea central: los modelos no “copian” en el sentido tradicional, sino que construyen funciones que transforman datos en resultados. Brando proporcionó una perspectiva técnica sobre la IAG, explicando conceptos complejos como los de inferencia probabilística, trazabilidad y atribución mediante la metáfora de una «malla» o superficie matemática. Explicó que determinar qué grabaciones han contribuido a la generación de música específica será probabilístico, no determinista, pero teniendo siempre muy presente que “la IA es infraestructura cívica y una tecnología de propósito general que está cambiando todo a nivel cognitivo”.
Sin embargo, esa matización no elimina el problema. Como señaló, un modelo puede generar exactamente un contenido presente en su entrenamiento, no porque lo recorte y lo pegue, sino porque la función matemática que ha aprendido pasa por ese “punto concreto”.
La implicación es profunda: la distinción entre copia y generación se vuelve difusa. Y con ella, los criterios jurídicos tradicionales para determinar infracciones de derechos de autor. Por este motivo, los retos de la IAG en relación con la propiedad intelectual son la atribución y la originalidad (“attribution and novelty”): como es imposible descartar que el contenido generado incluya datos de entrenamiento, es fundamental analizar en qué proporción los modelos los ofrecen en sus resultados para poder determinar cómo debe remunerarse su utilización.
Brando propuso reformular el debate: en lugar de preguntar si la IA copia, habría que preguntarse si es posible garantizar que no reproduzca contenidos existentes en los conjuntos de datos con los que ha sido entrenada. Y no puede asegurarse completamente. Una realidad que la legislación para regular la IAG no puede obviar.
El reto de la atribución y la “superficie infinita”
Uno de los conceptos más sugerentes de cuantos se plantearon en la jornada fue la idea de que los modelos de IA funcionan como “superficies” moldeadas por los datos de entrenamiento. Cada obra utilizada ejerce una influencia —mayor o menor— en la forma final del modelo.
Esto abre una vía alternativa al debate jurídico: la atribución probabilística. Es decir, desarrollar herramientas que permitan identificar qué contenidos han influido en un resultado concreto, aunque no exista una copia directa.
No se trata de una solución sencilla: estos sistemas operan en espacios de dimensiones prácticamente infinitas, lo que dificulta cualquier intento de trazabilidad completa. Pero también se subrayó que la complejidad técnica no puede ser una excusa para la falta de responsabilidad en el desarrollo de la IAG.
La creatividad bajo sospecha (y en redefinición)
Desde una perspectiva más humanista, la intervención de la investigadora Raffaela Folgieri, profesora de IA y Ciencias Cognitivas en la Universidad de Milán, introdujo un matiz clave: la inteligencia artificial no es creativa en sentido estricto. Puede generar combinaciones, pero carece de intención, necesidad o experiencia.
Esta diferencia, aparentemente teórica, tiene consecuencias prácticas. La creatividad humana no reside únicamente en el resultado, sino en la intención que lo impulsa. Y esa dimensión, argumentó, sigue siendo insustituible: “La creatividad no debe ser considerada únicamente en función del resultado final, porque se basa en las ideas, la intención, la chispa humana… y eso no puede aportarlo la IA”.
Sin embargo, la percepción social no siempre distingue entre ambos planos. La participación de la máquina tiende a reducir el valor atribuido a la obra, generando una “brecha de legitimidad” tanto entre artistas como entre consumidores.
El riesgo, señaló Folgieri, es doble: por un lado, la precarización de los creadores que no son los más exitosos —la inmensa mayoría, que además son los más vulnerables— y, por otro, la erosión de un ecosistema cultural basado en la diversidad y la originalidad: “Los miles de profesionales de la llamada “clase media” son esenciales para transmitir experiencia a los más jóvenes y no deben desaparecer porque son un patrimonio que hay que preservar”.
“Las normas actuales de copyright ya no bastan, pero hoy no usar la IA es como no usar el ordenador: ya tenéis el conocimiento musical, ahora es necesario hacer entender a la industria que no puede beneficiarse de la IA a costa de no retribuir a los músicos”, concluyó la académica e investigadora italiana.
Los ponentes de este primer bloque coincidieron en que es importante definir como sociedad hasta dónde queremos llegar con la IAG, porque “la soberanía digital es también que el sector cultural decida si solo queremos producir contenido a destajo o dar un paso adelante en la creatividad”.
Un problema colectivo que exige respuestas colectivas

En el segundo bloque de la jornada, moderado por el CEO de AIE, José Luis Sevillano, se trataron de acotar las mejores prácticas y modelos de compensación para el desarrollo de una IA sostenible, en torno a la idea de que el desafío de la inteligencia artificial no puede abordarse desde una única disciplina.
Matemáticos, juristas, filósofos, artistas e instituciones están llamados a construir un marco común que permita compatibilizar innovación y derechos. No se trata de frenar la tecnología, sino de integrarla en un modelo sostenible y que remunere justamente la creación cultural y a los artistas.
En este sentido, las entidades de gestión colectiva emergen como actores clave. Su capacidad para negociar en nombre de múltiples titulares puede equilibrar una relación asimétrica frente a grandes plataformas tecnológicas.
Pero también se hizo evidente que el tiempo juega en contra. La velocidad de desarrollo de la IA supera con creces la de los procesos legislativos, obligando a explorar soluciones intermedias, como mecanismos de soft law o acuerdos sectoriales.
Violeta Arnaiz, especialista en propiedad intelectual de Pons IP, proporcionó un análisis jurídico detallado del marco legal europeo. Explicó las obligaciones de transparencia del Reglamento de IA, incluyendo el artículo 53 que requiere un «resumen suficientemente detallado» de las fuentes de entrenamiento. Describió diferentes modelos de compensación, incluyendo el libre mercado actual, donde las grandes compañías están pagando entre 50-60 millones de dólares anuales por utilización de contenidos.
Detalló Arnaiz algunos de los puntos clave del “informe Voss” recientemente aprobado por el Parlamento Europeo. Uno de los principales es la inversión de la carga de la prueba si el proveedor no hace públicos los datos de entrenamiento, en cuyo caso deberá demostrar que no ha utilizado contenidos protegidos.
Arnaiz propuso la creación de un nuevo derecho exclusivo de reproducción para fines de entrenamiento y sistemas de presunciones para casos de falta de transparencia. Y añadió, en base al “informe Voss”, que, en relación al opt-out, es muy importante que cuestione la excepción de minería de datos y textos (TDM), porque no cumple la regla de los tres pasos del Convenio de Berna y que asuma los perjuicios que causa a los creadores.
Juan Miguel Aguado, catedrático de Medios de Comunicación de la Universidad de Murcia, aportó la perspectiva de los usuarios y la investigación académica. Aguado señaló dos aspectos clave en la propuesta de valor: la experiencia comunicativa (es fundamental que exista una íntima relación, de conexión, entre el emisor y el receptor del contenido) y la dimensión social (especialmente en el caso de la música, donde es esencial la posibilidad de compartirla con otros). Y presentó hallazgos sobre dos modos de escucha: comunicativo (buscando encuentro con la persona detrás de la obra) y no comunicativo (música funcional). Destacó que los usuarios jóvenes muestran mayor nostalgia por contenido auténtico y valoran la dimensión social de la experiencia de escucha. Mencionó que las métricas de medios online han caído un 70 % en los últimos meses debido al efecto sustitución de la IA.
La importancia de la gestión colectiva
Con la mirada puesta en una hoja de ruta donde la gestión colectiva actúe como pieza clave para la sostenibilidad de la industria, José Luis Sevillano preguntó a los tres intervinientes cuál es, a su juicio, el sistema más sensato para compensar por la explotación de toda la música que usan como entrenamiento las herramientas de IAG.
Axel Brando señaló que es fundamental la unión, establecer alianzas entre todos los operadores y actores, porque la IA es infraestructura cívica, un motor de cambio en muchos campos, incluso cognitivo y solo con consensos podremos decidir hacia dónde queremos ir como sociedad respecto a la IA.
Violeta Arnaiz recordó por su parte que la Unión Europea debe tener claro qué quiere hacer prevalecer, y si se trata de proteger a los creadores hay varias opciones: por ejemplo, crear un nuevo derecho exclusivo de reproducción para fines de entrenamiento, que sea objeto de cesión y quizá incluso generar un derecho de mera remuneración.
A juicio de Juan Miguel Aguado, para establecer un sistema de remuneración justo debemos tener en cuenta a los usuarios, porque están del lado de los creadores y en esa experiencia social que es el consumo de música prefieren ampliamente que la música que escuchan haya sido creada por artistas humanos.
Como broche de la jornada, el músico y productor Fernando Sancho realizó una demostración práctica de la creación de música con IAG utilizando la plataforma Suno. Sancho explicó las capacidades de la plataforma para crear música a través de texto, incluyendo la posibilidad de subir música propia y transformarla en diferentes estilos, recomendando documentar todo el proceso creativo para futuras reclamaciones legales.

El futuro en disputa
Al cierre de la sesión, más que respuestas definitivas, quedó la sensación de estar ante un punto de inflexión. La inteligencia artificial no es una herramienta más: es una tecnología que redefine las reglas del juego.
El derecho, tradicionalmente reactivo, se enfrenta ahora a la necesidad de anticiparse. Y la cultura, a la de defender su valor en un entorno donde la reproducción y la generación se entrelazan de forma inédita.
En palabras implícitas de todo el seminario, la cuestión no es solo qué puede hacer la inteligencia artificial, sino qué queremos permitirle hacer como sociedad. Porque en ese margen —entre lo posible y lo aceptable— se juega el futuro de la creación y de los artistas.

Si te perdiste el Seminario Jurídico, lo tienes disponible en nuestro canal de YouTube: https://youtu.be/tSzNoMacGxw
Asimismo, ponemos a tu disposición un documento de análisis técnico y jurídico (Briefing Note sobre Gobernanza y Sostenibilidad de la IA Musical) sobre el fallo de mercado estructural que la IA generativa plantea a las industrias creativas europeas: 20260416-Briefing-note-SeminAIE-2026.pdf