Los artistas, sin remuneración justa por su música en el audiovisual

Los artistas, sin remuneración justa por su música en el audiovisual

Las películas y series de mayor éxito perduran en la memoria colectiva por sus tramas e interpretaciones … y también por su música. Las bandas sonoras no son solo acompañamiento, inspiran la propia creación audiovisual y multiplica la experiencia del público. Las producciones originales, los…

Las películas y series de mayor éxito perduran en la memoria colectiva por sus tramas e interpretaciones … y también por su música. Las bandas sonoras no son solo acompañamiento, inspiran la propia creación audiovisual y multiplica la experiencia del público.

Las producciones originales, los catálogos de fondo y el contenido creado para redes sociales demandan música de forma constante: la mayoría de los estrenos incorpora al menos una grabación comercial preexistente y, en muchos casos, varias capas de sonidos originales.

Paradójicamente, esa omnipresencia musical contrasta con la casi nula participación económica que reciben quienes interpretan la música, en un momento en el que la industria global del vídeo bajo demanda (VOD) registra crecimientos anuales de dos dígitos.

¿Cómo es el marco legal que regula el uso de la música en producciones audiovisuales?

En teoría, los artistas gozan de derechos exclusivos sobre sus interpretaciones; en la práctica, esos derechos suelen transferirse íntegramente al productor cuando se firma el contrato de sincronización y, a partir de ese momento, cualquier explotación posterior en plataformas queda fuera del alcance remunerativo del intérprete. De los XX miles de millones de euros facturados por los servicios de vídeo premium el último ejercicio, apenas un 1% por ciento llegó al colectivo de intérpretes y músicos de sesión.

¿Por qué se produce la brecha de valor que afecta a artistas y músicos?

El desequilibrio no se debe a la inexistencia de un marco normativo. El Tratado de Beijing sobre Interpretaciones Audiovisuales, adoptado en 2012, reconoce de forma expresa los derechos de los artistas en el entorno audiovisual. No obstante, la mayoría de los Estados que lo han ratificado no ha dado el paso decisivo: implantar un derecho de remuneración proporcional, irrenunciable y gestionado de forma colectiva. Sin este pilar, el marco general adoptado se queda sin efecto práctico y la inmensa mayoría de los músicos ve cómo su contribución permanece sin verse retribuida de forma justa y equitativa, en un mercado audiovisual en plena expansión.

La brecha se agrava por la complejidad de la cadena de derechos y la ausencia de protocolos homogéneos de metadatos. Cada obra audiovisual puede contener decenas de grabaciones y, en muchos casos, los intérpretes no aparecen detallados en los créditos de estas producciones. Al mismo tiempo, la asimetría negociadora es evidente: sin un derecho mínimo reconocido por ley, los artistas firman contratos en los que ceden sus exclusivas a cambio de un pago único a tanto alzado, mientras productores fonográficos y plataformas digitales monetizan la explotación continua en forma de suscripciones, publicidad y valor de mercado.

La posición de AIE

Como en otros ámbitos de la distribución digital de contenido, en el ámbito audiovisual existe una brecha de valor entre el uso intensivo de la música y la remuneración que reciben quienes la interpretan que, lejos de acortarse, crece de forma paulatina.

Sin una remuneración justa, el modelo audiovisual corre el riesgo de debilitar el talento que lo nutre y de empobrecer la diversidad cultural que el público valora. Un mercado saludable requiere un reparto equitativo que reconozca a quienes interpretan la música, no solo a quienes la distribuyen.

Frente a esta situación, la posición de AIE es clara: la música inspira, diferencia y enriquece el audiovisual. Su valor debe reconocerse con hechos, empezando por las menciones en los créditos.

Resulta imprescindible que las próximas reformas audiovisuales a nivel nacional incorporen un derecho de remuneración proporcional, irrenunciable y obligatorio. Ese derecho garantizaría que el valor aportado por los artistas intérpretes y ejecutantes a las producciones audiovisuales es recompensado de una manera justa y equitativa.

AIE invita a los legisladores a dar el paso que falta: traducir en remuneración efectiva los derechos que la comunidad internacional ya reconoce sobre el papel. Asimismo, solicita a productoras y plataformas a incorporar, desde ahora, metadatos completos que incluyan a los intérpretes adicionalmente a los compositores.

La música es el latido emocional de la imagen. Sin una remuneración justa y transparente, el talento que sostiene ese latido corre el riesgo de apagarse. El audiovisual digital ha crecido en parte gracias al impulso de los intérpretes musicales y ha llegado el momento de que ese impulso regrese en forma de ingresos para quienes dan vida a la banda sonora de nuestra memoria colectiva.